Cierro mi puerta tras de mí: poemas de Christina Rossetti

Desearía poder recordar aquél primer día
Era gia l’ora che volge il desio
Dante
Ricorro al tempo ch’io vi vidi prima
Petrarca
Desearía poder recordar aquél primer día,
la primera hora, el primer momento en que me encontraste,
si era oscura o brillante la estación. Pudo haber sido
verano o invierno por lo que puedo decir;
tan sin registro se perdió,
tan ciega era yo para ver y para prever,
tan torpe para notar los brotes de mi árbol
que no florecería por muchos mayos más.
Si tan solo pudiera recordarlo, ¡ese
día de días! Lo dejaría ir y venir
tan sin rastro como el deshielo de nieves pasadas.
Parecía significar tan poco y significó tanto.
Si ahora tan solo pudiera recordar ese contacto,
el primer toque en la mano—¡Si hubiera sabido!

Publicado en A Pageant and Other Poems (1881)

¿Quién me librará?

1864

Dios, haceme fuerte para sostenerme a mí misma;
Esa carga, la más pesada de todas,
el peso inalienable del cuidado.

Los otros están todos fuera de mí;
Tranco mi puerta y los dejo afuera
El tumulto, el tedio, el callejeo.

Cierro mi puerta tras de mí,
y los dejo afuera; pero ¿quién tapiará
mi ser de mí misma, la más aborrecida de todas?

¡Si pudiera desmoronarme por una vez,
y comenzar purgada de mí la carrera
que todos deben correr! La muerte es veloz.

¡Si pudiera dejarme de lado,
y empezar con el corazón ligero
el camino que todos han atravesado!

Dios, endureceme contra mí misma,
esta cobarde de voz patética
que implora tranquilidad y descanso y alegrías.

Yo misma, mi propia architraidora;
mi amiga más falsa, mi más mortal enemiga,
mi atasco en todos los caminos.

Pero hay Uno que puede refrenarme,
alivianar la estrangulante carga que llevo,
romper el yugo y liberarme.

Publicado originalmente en el número de febrero de 1866 de la revista Argosy

Los tres enemigos

La carne
“Querida, estás pálida.”
“Más pálido pendió
Cristo del árbol cruel
y cargó la ira de su Padre por mí.”
“Querida, estás triste.”
“Bajo un madero más pesado
Cristo pisó por mi bien
el lagar de la ira de Dios”
“Querida, estás cansada.”
“No así Cristo,
cuyo poderoso amor por mí alcanzó
por Fuerza, Salvación, Eucaristía.”
“Querida, tus pies están doloridos.”
“Si sangro,
Sus pies han sangrado; en mi necesidad
Su Corazón sangró por el mío.”
El mundo
“Querida, sos joven.”
“También lo era
Quien por mi bien en silencio
colgó de la Cruz con Pasión.”
“Mirá, sos hermosa.”
“Era más hermoso que los hombres
Quien accedió por mí a llevar
un rostro arruinado.”
“Y tenés riquezas.”
“El pan de cada día:
Todo lo otro es Suyo; de Quien, vivo o muerto,
por mí no tuvo donde apoyar Su Cabeza.”
“Y la vida es dulce.”
“No lo fue
para Él, Cuya Copa se desbordó
con mi dolor inefable.”
El Demonio
“Bebés profundamente.”
“Si Cristo bebiera
apuraría mi copa hasta las heces:
¿y cómo podré yo ser levantada?”
“Ganarás la Gloria.”
“En los cielos,
Señor Jesús, cubrí mis ojos
para que no miren vanidades.”
“Tendrás el Conocimiento.”
“¡Polvo inútil!
En Vos, Oh Señor, confío:
respondé Vos por mí, Sabio y Justo.”
“Y Poder.”—
“Cuidame las espaldas, Señor,
Que me redimiste y no aborreciste de
mi alma, oh, conservala con Tu Palabra.”

Publicado en Goblin Market and Other Poems (1862)

Una mejor resurrección

No tengo juicio, ni palabras, ni lágrimas;
mi corazón en mí es como una piedra,
demasiado entumecido para miedos o esperanzas.
Mirá a la derecha, mirá a la izquierda, vivo sola;
levanto los ojos pero, empañados por la pena,
no ven las colinas eternas;
mi vida está en la hoja que cae:
oh, Jesús, apurame.

Mi vida es como una hoja descolorida,
mi cosecha es apenas cascarilla:
mi vida está vacía y es breve
y tediosa en el árido anochecer;
mi vida es como una cosa congelada,
ni brotes ni verde puedo ver:
pero habrá de levantarse—la savia de Primavera
oh, Jesús, levantate en mí.

Mi vida es como un cuenco roto,
un cuenco roto que no puede contener
una gota de agua para mi alma
o medicina en el frío penetrante. 
Tirá al fuego la cosa marchita;
derretila y volverla a moldear, hasta que sea
una copa real para Él, mi Rey:
oh, Jesús, tomá de mí.

Publicado en Goblin Market and Other Poems (1862)

Después de la muerte

Las cortinas estaban a medio cerrar, el piso barrido
y un ramo de junco, romero y flores de espino
yacía grueso sobre la cama en la que yazco,
y a través del enrejado reptaban sombras de la hiedra.
Se inclinó sobre mí, pensando que dormía
y no podía oírlo; pero lo oí decir
“Pobre niña, pobre niña”: y cuando se volvía
vino un silencio profundo y supe que lloraba.
No tocó la mortaja ni levantó el sudario
que cubría mi cara, no tomó mis manos en las suyas,
ni sacudió las suaves almohadas para mi cabeza:
no me amaba viva, pero una vez muerta
me compadecía; y es muy dulce
saber que está todavía tibio mientras estoy fría.

Publicado en Goblin Market and Other Poems (1862)

Tierra de sueño

Donde ríos sin sol lloran
sus olas a la profundidad,
ella duerme un sueño encantado:
no la despierten.
Guiada por una estrella única,
vino de muy lejos
a buscar el lugar en que las sombras son
su agradable lote.

Ella dejó la mañana rosa,
dejó los cultivos de maíz,
por un crepúsculo frío y abandonado
y manantiales de agua.
A través del sueño, como a través de un velo,
mira el cielo pálido,
y escucha al ruiseñor
que canta triste.

Descansa, descansa, un descanso perfecto
sobre su pecho y su frente; 
su rostro mira al oeste,
la tierra purpúrea.
No puede ver el grano
madurando en la colina y la llanura;
no puede sentir la lluvia
sobre su mano.

Descansa, descansa para siempre
en una orilla musgosa;
descansa, descansa en el corazón del corazón
hasta que termine el tiempo:
sueño que ningún dolor despertará,
noche que ninguna mañana romperá 
hasta que la alegría se apodere
de su perfecta paz.

Publicado en 1849 en el periódico The Germ y en Goblin Market and Other Poems (1862)


La imagen que acompaña la entrada es un detalle del cuadro I lock my door upon myself (1891), de Fernand Khnopff.

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