No habrá nada en el fin: poemas de Yeats, Bringhurst y Atwood

“Voz de Sabueso”, de W. B. Yeats

Porque amamos las áridas colinas y los árboles retorcidos
y fuimos los últimos en elegir la tierra de asentamiento,
sentimos tedio del escritorio o de la espada, por vivir
tantos años acompañados por un perro[1],
nuestras voces perduran; y, aunque limitados por el sueño,
algunos pocos despiertan a medias y a medias renuevan su decisión
de exclamar[2], de proclamar su nombre secreto– “Voz de Sabueso.”

Las mujeres que he elegido hablaban dulce y bajo
y sin embargo exclamaban. Eran todas “Voces de Sabueso”.
Nos elegimos desde lejos y sabiendo
qué hora del terror viene a juzgar el alma,
y en nombre de ese terror obedecimos la llamada,
y comprendimos lo que nadie ha comprendido,
esas imágenes que despiertan en la sangre.
Un día nos despertaremos antes del amanecer
y encontraremos nuestros antiguos perros ante la puerta,
y bien despiertos sabremos que la cacería ha comenzado;
tropezando con el rastro oscuro de sangre una vez más,
y luego a la matanza cerca de la costa;
y luego a limpiar y vendar las heridas
y cantar la victoria rodeados por los sabuesos.

Publicado el 10 de diciembre de 1938 en The Nation

“No habrá nada en el fin”, de Robert Bringhurst

No habrá nada en el fin
y eso es todo
lo que alguna vez hubo y habrá.

Pero lo-que-es es a veces
tan resonante y claro
como nada podrá ya ser.

El filósofo de la música
le dice al músico de las ideas
que lo que ha sido

no puede no haber sido.
Lo-que-es será lo que ha sido
pronto, y entonces

su haber sido cantará
su canción silenciosa siempre y cuando
nadie esté oyendo.

Incluido en Everywhere Being is Dancing (2009)

Porque amamos las áridas colinas y los árboles retorcidos“, de Margaret Atwood

Porque amamos las áridas colinas y los árboles retorcidos
nos dirigimos al norte cuando podemos
más allá de la taiga, la tundra, la costa rocosa, el hielo.

¿De dónde viene este olor escaso,
nuestro? ¿Por cuánto tiempo
vagamos en este páramo[3], aprendiendo de memoria
todo lo que solíamos saber:
poner el pelo de las pieles del lado de adentro,
aliarnos a los lobos, comer grasa, odiar el derroche,
esculpir el espíritu, respetar la nieve
hacer y preservar el fuego?

Todo lo que una vez tuvo un alma
incluso esta almeja, este guijarro.
Cada uno tenía un nombre secreto.
Todo oía.
Todo era real,
pero no siempre amable.
Debías cuidarte.
Anhelamos volver ahí,
o nos gustaría sentir, al menos,
cuando no hace demasiado frío.
Anhelamos prestar esa atención.
Pero hemos perdido la astucia;
y además la música es otra.
Todo lo que oímos en el canto del viento en el llano
es el viento.

Publicado el 9 de setiembre de 2015 en  The Irish Times


Notas

[1] He decidido traducir “hound” alternativamente como “perro” y “sabueso”. En español “sabueso” es muy específico, pero “perro”, tan general, no remite a “perro de caza”.
[2] Yeats usa la construcción “give tongue”, de muy difícil traducción. Puede ser interpretada como decir en voz alta pero también hablar fuerte e, incluso, violentamente. Otro uso, con el que sin duda juega el autor, es referido a la caza; se dice que los sabuesos “give tongue” cuando ladran al perseguir a la presa.
[3] Traduzco así el neologismo de Atwood “hardscape”, que une “hard” (duro, difícil) con “scape”, que suena similar a “escape” (huida) y a la vez lo hace coincidir fonéticamente con “landscape” (paisaje).

La imagen que acompaña la entrada es una fotografía de Fergus Bourke.

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