Intermedio

Comíamos como feroces
la lenta pasta que mi abuela nos había dejado.
Me desperté a las 6:30
y me puse a cocinar, casi hasta ahora. Me acosté para descansar,
prendí la tele y vi esas cosas: tiros y una mujer
que lloraba en el plató
con los ojos manchados. Había un animal salvaje, oscuro, de pelos erizados y mirada asesina
en otro canal.

*

Pude oír los ruidos que llenaron
la habitación de estruendo
que entraban y salían pasos, puertas, golpes, cosas que caen en la casa de al lado.
Y mientras tanto,
esta voz de mujer que entra, como una pequeña muestra
de la voz secreta,
de perro, enterrada en el pecho,
ese suspiro en la selva,
que nadie oye y furiosamente despierta a los pájaros.

Camila me mira, desde la silla
y entiende desde antes,
todo lo de bueno que hay ahí.

*

Pasan lentos tickets, boletas sucias, recibos y cheques al portador,
un pesado sueño de metales
que revienta todo abajo,
es fricción.

Y la cama hierve, entonces, cuando caen los números
rojos, calientes, apesadumbrados.

*

Una cosa es sentirlo todo, la música y esas bocas
que se mueven en la pantalla, tan seductoramente,
y otra cosa es verlo:
tal se ven las palabras
golpeando como gotas la chapa
grosera del libro.

*

Me dejé llevar por ese murmullo que se oye desde el periódico
cuando se lo arruga para encenderlo.

Me dejé llevar por el hielo que cae en el vaso y por el dedo
que lo gira lentamente.

Me dejé llevar por la mancha que repetía crítico
con los ojos entornados,
negra sobre blanco, sobre amarillo, sobre nada,
la piel, el graznido brutal que abre los cielos,
para que todo funcione:
para que la carne quede tierna y la sal sea hermosa y blanca
y las piernas sepan levantarse y acercar sillas a la mesa.

*

La pasta de los días—
una sustancia delicada, inalterable, seca.
Se extiende sobre la tabla
como la línea de pintura, con la espátula,
como si fuéramos expertos,
como si nos dedicásemos a esto.

*

Todo escucha, siente, se suspende y cierra,
como un estuche.
Oís el clic lejos, el golpeteo, la mano que cierra tibias canillas,
ahí viene y esperás
la llegada de la pesadez.
Se abre como una cama.

*

Nos quedaremos leyéndonos a nosotros mismos
entre páginas sueltas, arremolinadas,
como en sequía.
De pocas cosas parecen venir los ocasos, de cosas elementales (una
copa, una lámpara, un estilete),
ahí se dan a nacer, entre el vidrio y el acero,
con voluptuosidades de humo.

*

Cuando por la noche salgo a sacar la basura
oigo una voz, distante

Soy el hijo único

y arrastro lo poco que llevo: había dejado fruta madurando en la heladera,
las moscas y los gusanos—


La serie de poemas forma parte del libro inédito Cuaderno de verano (2017-2018). La imagen que acompaña la entrada es un fotograma de Il Decameron (1971), de Pier Paolo Pasolini.

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3 comentarios en “Intermedio

  1. Tal vez no puedo dejar de interpretar desde mi oficio. Por momentos es una carga que te impide leer con los ojos limpios y que los poemas te peguen directo, como tienen que pegar los poemas.
    Las cosas de tu mundo y de tu vida me llegan cargadas de nostalgia.

    Me gusta

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