Desplazamiento

El perro del recuerdo
daba la vuelta fantasmal en mi regazo,
como una sombra encadenada
a mi pecho, casa de otros.
Era una voz delicada, el lamento que no vimos pasar
volando como una paloma
hasta el próximo bicho desparramado
adoquín de vísceras
abierto como una mano que tapa el sol.

Suena ahí, cerca,
el estallido y caen, de tordos y hojas,
las pelusas del plátano en lluvia de oro
sobre el vocerío y las huellas
en el barro de otra lluvia.
Y todo parece hacerse frente a mí,
como el instante
abriéndose en el rosado del cielo
rompiendo la franja más oscura
en la que habitan los barcos,
monstruos marinos disparados,
por la lenta gravedad, al otro lado, orilla impávida.

Yo quería poner todo en un espacio limitado
el pozo este frente a mí, cubierto de palos y coquitos
de eucaliptus y de pasto.
¿Cómo se abren así en la tierra seca,
esperan qué?
Bocas, puertas a dónde,
cómo se abren así en la tierra fresca
y guardan plumas y boletos,
marcas del trasiego misterioso
de los números que se cargan y descargan
en el cubito que expende cosas,
marca de un tiempo y el espacio recorrido por esa voz
desde que suspira por un sitio
y deja caer gracias,
como monedas.

Y era un fuego absurdo,
la velocidad del metal.
Las ganas en el pecho
el desembarco de algo maravilloso, nocturno,
mojado como una hoja
rocío y cielo,
todo para nosotros.

Podía verte recortada, la espalda
tomada del sol,
el espejo del día, deslumbrante como una pantalla,
crispado de latidos
y decirte cosas pero de forma sencilla, que esas rocas
que arman círculos
esperen mis suelas ansiosas,
el atardecer en voces que vienen de otra parte.

Todavía quería decir
el sol es el mismo aquí y en Parque Rodó
aunque en la noche,
cuando se enciende un contorno del avión y refleja velocidad y ruido
vi todo eso y no era cierto.

Entonces no era para escribir cosas nuevas
ni para abrirse como una caja de postres
o una botella
la media baguette
mordida
desde ayer.

¿Era para dejar una piedra sobre la tierra que no pisaron
los pies hacia delante, que no tocaron
sus manos frías?
Poder nombrarte completa, contenida en esas letras sobre el agua,
un grito lejano perforando el amanecer,
y ahí sí
ser lo mismo.

Montevideo—Saint-Denis, septiembre de 2018


El poema forma parte de una sección del libro inédito Cuaderno de verano (2017-2018). Acompaña la entrada un fotograma de Agatha et les lectures illimitées, de Marguerite Duras (1981).

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