Semana Santa (fragmento)

avec les memes
mots faire
venir d’autres
outils encore
inanimés

Silvia Baron Supervielle

Cómo decirlo, despertarse temprano
(es la pastillita blanca)
y sentirlo ahí, palpitando dentro,
alimentándose. Lo llamaron el pecado
y era un bicho esquivo, con una caparazón brillante, las patas arañando los órganos,
abriéndose paso por la carne temblorosa,
negra, mordida.
¿Qué, susurraba en la oscuridad (había cosas jamás oídas, viscosidades que se movían
como babosas negras,
una especie delicada de la espera),
me pasa? ¿Qué es la boca que se abre,
todo un estómago en el centro de la habitación,
cubierto de una capa fina de polvo,
como la estela de un paso en la arena?
¿Qué es la boca que insiste en abrirse al desierto, el temblor de una cosa no dicha,
que se guarda sin hervir en las entrañas,
espera el momento y salta,
para atarme, para poder así atarme, para envolverme,
araña cruel, las manos,
los huesos,
llevarme,
que todo se cubra de cenizas?

Nadie responde.

Más allá: la certeza reptil en las tripas,
golpeándolo todo sin ver,
ciego de hambre, brusco, ambiguo, apretado.
Qué sabe el animal cuando la piel cede y deja todo nervios atentos al sonido,
abierta carne a la inclemencia del día,
qué plegarias se pueden escuchar atravesando las paredes.

Nadie responde.

Tenía dos cosas: la cama para siempre y ella,
la idea fija, el óxido en la noche, como una piedra brillando,
abierta a mi serenidad, hurgándome los dedos,
sentada ahí, junto al vaso de agua, a mi lado, que estoy intentando respirar.
La tenaz, la espesa vía,
la madrugada.
Es la palabra amigo
la que se deja así, la que se entrega
aunque quede todo expuesto,
dado como una herida,
parado de esta manera, antes del cielo, gris, casi cercano.

Es la necesidad de ver personas en los gestos:
una campera negra, con cierre metálico y un botón en el cuello,
la remera que dice Punk Is Dead,
el pantalón, también oscuro,
los Adidas azules, las tres líneas rojas
-todo eso en una silla: en el respaldo o doblada la ropa
sobre el asiento, o colgando de los posa brazos,
frente al escritorio: todo eso sobre una silla
sos vos.


El poema forma parte de una sección del libro inédito Cuaderno de verano (2017-2018). Acompaña la entrada un detalle de una ilustración de Mihoko Takata.

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